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Arhus
Por ser la segunda ciudad más grande y capital cultural de Dinamarca, Arhus alberga una vibrante población estudiantil que da vida a sus gloriosos parques, colma sus calles de adoquín y complementa su efervescente arquitectura. La ciudad es el hogar de fabulosos museos y restaurantes, así como un ambiente entretenido y festivo.
Aproximadamente en el centro geográfico de Dinamarca, en la relativamente despoblada península de Jutlandia, cuenta con grandes áreas naturales y reservas cercanas. Su puerto es el más grande del país y uno de los más grandes puertos industriales del norte de Europa.
La ciudad es conocida a lo largo y ancho, y aún más allá de Dinamarca, por su animado escenario musical. Tiene una gran sala de conciertos y alberga importantes eventos culturales durante todo el año, incluyendo el famoso Arhusfestuge, el Festival Musical de Arhus.
Si bien Copenhague suele ser el centro de atención, me encanta una gran ciudad que se siente como un relajado y amistoso “pueblo”, y sin duda Arhus encaja en esta descripción. Para poder disfrutar mejor de los encantos de esta ciudad me alojé en el Comfort Hotel Atlantic, situado junto al mar y con hermosas vistas a la bahía y al centro.
La atracción principal es Den Gamle By, la Ciudad Vieja. En realidad no es parte de la ciudad, sino que se trata de un museo al aire libre que contiene una colección de más de 70 casas tradicionales, trasladadas allí desde toda Dinamarca. Cada casa en este museo ha sido decorada en el estilo de su período histórico, formando una pequeña aldea que vale la pena recorrer y admirar.
Otro lugar imperdible es el AROS Kunstmuseum, que presenta una amplia colección de arte danés de los siglos XIX y XX, así como piezas únicas de arte contemporáneo. Si además quieres apreciar un ejemplo de la moderna arquitectura danesa, date una vuelta por el Ayuntamiento, diseñado por Arne Jacobsen, el pionero del diseño danés.
Creo que el lugar que más me sorprendió fue el Museo Forhistorisk Moesgård, donde se exhibe una increíble colección de objetos prehistóricos, entre ellos el Hombre de Grauballe, de más de 2000 años y que se encontró en perfecto estado de conservación, en 1952 en un pantano cercano.
Luego me tomé toda una tarde para visitar el Friheden Tivoli, un completo parque de diversiones situado a las afueras del centro de la ciudad. Allí pude disfrutar de paseos, espectáculos de payasos, jardines exuberantes y el placer de sentarme en un café y simplemente ver la gente pasar.
Por supuesto, ningún viaje está completo sin visitar la catedral de la ciudad, especialmente cuando esta cuenta con una nave de más de 100 metros. Así es la imponente Århus Domkirke, donde muchos de los frescos que adornan las paredes han sido restaurados y representan historias religiosas, desde San Jorge y el dragón hasta las mismísimas llamas del infierno.
Camina por Vadestedet, el nuevo lugar de paseo abierto a un lado del río Arhus, y encontrarás todo tipo de cafés y restaurantes que han surgido en los últimos años, muchos de los cuales ofrecen especialidades, tanto de cocina internacional como local.
Un buen restaurante es el Raadhuus Kafeen, en Sønder Allé 3, en pleno centro. Me gustó porque es un lugar sencillo, sin pretensiones, donde se puede saborear la verdadera cocina danesa a un precio accesible. Allí podrás probar, desde los clásicos arenques a las frikadeller (albóndigas), o un exquisito smørrebrød (sándwich abierto al estilo danés).
Debo reconocer que Arhus es también una ciudad muy animada. Además de muy buenos restaurantes, también posee elegantes lugares donde tomar una copa y una amplia gama de clubes nocturnos. El Ris Ras Filliongongong, en Mejlgade 24, es el lugar donde terminar un día perfecto y empezar otro aún mejor.
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